El término “bernegal” no se usa ya, salvo en Canarias y en Venezuela: en las islas es un filtro para el agua. Sabemos bastantes cosas de los bernegales de orfebrería, son únicamente castellanos y los mejores llevaban en el fondo del depósito un bezoar engastado (“piedra (…) contra todo veneno” en Covarrubias). Hay alguna iconografía de bernegales metálicos en la pintura, fundamentalmente de bodegones. El mejor ejemplar subsistente es el obsequiado por Felipe IV a su consejera espiritual, Sor María Jesús de Ágreda: se conserva aún en su convento soriano. Cuando los bernegales eran pequeños se llamaban “tembladeras”, pues su ligero peso no disimulaba el temblor de las manos. Consideramos por las tembladeras, que los bernegales solían también llevarse a los labios, aunque el tamaño de alguno de ellos -o su borde muy lobulado- pueda indicar que más prácticamente, se vertería el agua en un vaso.
En definitiva, en la corona castellana los grandes vasos con bezoar para evitar los envenenamientos o infecciones se llamaban bernegales y tuvieron como traslación tipológica al vidrio un tipo de vasijas muy curiosas: las que reproducen fosilizada la forma del bezoar: un botón alargado de vidrio azul: son éstas las obras más claramente pueden adscribirse a Cadalso y ese adorno central las emparenta también con producciones venecianas, donde decoraciones similares son corrientes, procedan o no de los bezoares como en España. Otras piezas, de gálibo similar, tienen su centro en otros adornos: aves acuáticas o motivos estilizados. Pero, sin duda, no sólo esta conformación recibió el bernegal: también son característicos otros vasos con pie más alto y depósito helado hasta la mitad aproximadamente, que suelen tener la boca muy lobulada. El helado del vidrio debe interpretarse siempre como una metonímia visual: indica que el contenido se prefería frío. La cronología de estas piezas debe ser del siglo XVII avanzado y del XVIII, tal vez por ello en 1611 Covarrubias no los cita de vidrio. En la iconografía es difícil ver un bernegal en uso –fuera de su colocación pasiva en los bodegones-: debe ser bernegal el gran vaso que aparece en lugar auxiliar junto a las vinajeras, en la Misa de San Benito, de Fray Juan Rizzi (Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid)
El bernegal está mucho más representado en ejemplares subsistentes que en iconografía, puesto que no estaba en la mesa ni en la cocina, que son los ámbitos más reproducidos pictóricamente. Pueden verse, entre otras pinturas, en el bodegón de JUAN BAUTISTA DE ESPINOSA, fechado en 1624, que se encuentra en la Fundación Reksten (en el estante alto de la izquierda) o en el Bodegón de 1627 de VAN DER HAMEN en la Kress Collection de la National Gallery of Art de Washington (vidrio central, tras el plato de pastas). Si no diferenciamos entre bernegal y tembladera, es decir, consideramos también los bernegales pequeños, podemos encontrar mayor iconografía, como en las dos naturalezas muertas idénticas de ZURBARÁN, del Museo del Prado y del Museu Nacional d’Art de Catalunya. Por extensión, la copa del Aguador de Sevilla de VELÁZQUEZ participa del botón central, que ha sido –erróneamente- identificado como un higo real, e interpretado simbólicamente ( CAMON, GÁLLEGO…). Se podría formar una pequeña biblioteca con las citas a ese higo que nunca existió. Es curioso el bernegal “reciclado” para contener fruta en almíbar (o simplemente remojar castañas peladas) en el bodegón de Pedro de CAMPROBÍN
Fuente:
NOTAS SOBRE USOS DEL VIDRIO ESPAÑOL. 1500-1800
Jaime Barrachina







