El reparto
El del bigote, protestando entre dientes porque se había encontrado con la horma de su zapato miró a ambos lados del salón dudando hacia donde ir. De repente escuchó una voz que creía reconocer.
- ¡Eh, Jose!, es por aquí. – Era Ana, su Ana, la que hace unos días había desaparecido en los túneles del Metro en el intento de despistar al fin del mundo y que fue confundida de camino y acabó en la ribera de la Laguna.
- ¿Os conocéis? – preguntó Hades – Si es así… tú el del bigote ve al lado contario. No me gustan las pandillitas en mi reino, así que andando para la izquierda.
- ¿No podría ser al centro… es que la izquierda a mi…
- Tú eres imbécil, ¿te crees en disposición de exigir? No me hartes más y tira para donde te he dicho. ¿O no sabes acaso que aquí solamente mando yo.? Venga no me alteres más. Vaya panda que me han mandado. ¡A ver llamad a mi nuevo ayudante de cámara. Y que se traiga a sus teutones.
Y apareció.
- Diabla- dijo Hades- te vas a encargar de colcarme a los siguientes en cuanto sepan ellos mismos quienes son y que hacen aquí.
A Diabla Hades le había cambiado el nombre, no era normal que su mano derecha atendiera en el inframundo al nombre de Ángela. Así que lo más lógico sería… Diabla era una tía bastante masculina aunque los inmensos pechos la delataran se intuían un par de cojones en todos su aspecto. Iba vestida con unas mallas grises ajustadas que dibujaban un trasero inmenso y celulíticamente perfecto. Se tiró en una silla poniendo el inmenso culo como buenamente pudo.
- ¡Joder la hijaputa esta! ¡cómo se lo ha montado! - Era Alfonso que al oído de ZP retransmitía prácticamente todo el evento- Ya apuntaba maneras, sólo nos falta el carajote del gabacho para que la panda esté al completo, aunque pienso que nos vendrían bien unos cuantos más para completar el circo.
Alfonso estaba a punto de llevarse la no-sorpresa. Por el fondo apareció el que echaba de menos, vestido completamente de rojo, con un tridente en la mano, su cara de vómito y a su lado una esbelta moza con el mismo color de vestido. Nic, como le gustaba que le llamaran en la intimidad saludó a todos con una sonrisa. Más de uno pensó que el otro hijoputa había entrado con el pié derecho en el Averno.
- Bueno, condenados, ahora que estamos casi todos voy a empezar a organizar este lío. En primer lugar vosotros dos -dijo dirigiéndose a Nic y a Diabla- poneos a mi izquierda que os voy a colocar en vuestro sitio. Habéis estado jodiendo el lugar en que nací, aquel que fue la cuna de la civilización que os ha estado manteniendo y educando, habéis pisoteado a aquellos que inventaron la democracia y que vosotros habéis jodido impunemente. Ellos también han tenido culpa pero vosotros, ¡mamones!, habéis acabado con todo aquello que amé y mira que les advertí lo que iba a pasar. Ellos no han venido por aquí, han ido directamente al Tártaro, solamente porque se lo merecían, pero vosotros, ¡vosotros me la vais a pagar!. Os habéis creído a salvo, al llegar, porque os nombré algo que no merecíais pero ahora…. ¡Joder ahora estáis a punto de enteraos de lo que es bueno!
Diabla, te vas a ir directamente a la misma caldera del bigotes, pero no vas a estar dentro de ella, te quedarás fuera atizándola, vas a sacarlos a todos y cada uno que haya dentro cada minuto, sin perder ni uno y les vas a estar lamiendo el culo el resto de la eternidad, pero no en sentido figurado, no, se lo vas a lamer con esa lenguaza asquerosa que el de allá arriba te ha dado. Pero no te preocupes por tener tanto trabajo. Te va a echar una mano, perdón, una lengua el que está a tu lado, si tú- dijo señalando a Nic que abrazado a su chica temblaba como un niño con miedo por ver lo que le esperaba junto a Diabla- Así que vais apañaditos. Y sin quejarse que les digo a mis huestes que os den de ostias hasta reventar.
(Continuará)


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